En la vida vamos a encontrarnos con personas, situaciones y experiencias de todo tipo. Algunas nos harán bien, otras nos harán sufrir y algunas simplemente nos dejarán una enseñanza que entenderemos mucho tiempo después.
Pero hay algo que podemos aprender de todas ellas: no todo lo que vivimos tenemos que conservarlo.
Podemos tomar lo bueno y desechar lo malo.
Y esto también aplica a las personas.
De cada persona podemos aprender algo
No todas las personas que llegan a nuestra vida tienen que quedarse en ella para siempre. Algunas estarán durante años, otras durante meses y algunas aparecerán apenas por un momento.
Pero incluso de una persona con la que tuvimos una mala experiencia podemos aprender algo.
Tal vez aprendemos cómo queremos que nos traten.
Tal vez descubrimos qué comportamientos no queremos repetir.
O quizá entendemos que necesitamos poner límites.
Eso también es aprendizaje.
Por eso, en lugar de pensar solamente: “Esa persona me hizo daño”, podemos preguntarnos:
¿Qué aprendí de esta experiencia y qué no quiero volver a permitir?
La respuesta puede ayudarnos mucho más que quedarnos atrapados en el resentimiento.
Lo bueno se aprovecha y lo malo se convierte en experiencia
Cuando alguien nos enseña algo positivo, podemos tomarlo.
Una persona puede enseñarnos paciencia.
Otra, disciplina.
Otra, generosidad.
Otra puede mostrarnos cómo enfrentar una dificultad.
Pero también podemos aprender de quien hace exactamente lo contrario.
Si vemos a alguien actuar con egoísmo, podemos aprender a no ser así.
Si alguien nos falta el respeto, podemos entender la importancia de respetar a los demás.
Si alguien vive constantemente quejándose, podemos descubrir que no queremos convertirnos en una persona que solamente ve problemas.
Hasta lo negativo puede convertirse en una lección, si sabemos qué hacer con ella.
No tenemos que copiar todo lo que vemos
Este es un error bastante común.
Admiramos a una persona y terminamos pensando que debemos parecernos completamente a ella.
Pero nadie es perfecto.
Podemos admirar la disciplina de alguien sin imitar su manera de hablar.
Podemos aprender de la inteligencia de una persona sin adoptar sus malos hábitos.
Podemos valorar la experiencia de alguien y, al mismo tiempo, reconocer sus errores.
Aprender de alguien no significa copiarlo.
Significa observar, pensar y elegir.
También ocurre con las experiencias
Una experiencia difícil puede dejarnos algo más que dolor.
Puede enseñarnos a ser más cuidadosos.
Un fracaso puede enseñarnos qué debemos cambiar.
Un negocio que no funcionó puede mostrarnos qué no volver a hacer.
Una amistad que terminó puede enseñarnos a reconocer ciertas señales.
Una decisión equivocada puede ayudarnos a tomar mejores decisiones en el futuro.
Eso no significa que debamos agradecer todo lo malo que nos sucede. Hay situaciones que simplemente duelen.
Pero incluso de ellas podemos intentar sacar una enseñanza.
Una forma práctica de hacerlo
Cada vez que vivas una experiencia importante, buena o mala, puedes hacerte tres preguntas:
1. ¿Qué fue bueno de esto?
Identifica aquello que vale la pena conservar.
2. ¿Qué fue malo o qué no quiero repetir?
Reconoce los errores, las señales de alerta y aquello que te hizo daño.
3. ¿Qué puedo aprender para la próxima vez?
Convierte la experiencia en una herramienta para el futuro.
Estas tres preguntas pueden ayudarnos a dejar de vivir mirando solamente lo que pasó y comenzar a preguntarnos qué podemos hacer con lo aprendido.
No cargues con todo
La vida ya tiene suficientes cosas que pesan como para cargar también con todo lo que encontramos en el camino.
Hay personas que debemos recordar con cariño.
Hay otras que debemos recordar como una lección.
Hay experiencias que vale la pena repetir.
Y hay otras que debemos dejar exactamente donde quedaron: en el pasado.
Aprender también significa saber qué conservar y qué soltar.
No tenemos que llevarnos todo lo que encontramos.
Podemos quedarnos con lo bueno, aprender de lo malo y continuar nuestro camino un poco más sabios que antes.
Porque, al final, casi todo lo que vivimos puede enseñarnos algo.
La pregunta es:
¿Qué vas a conservar de lo que has vivido y qué estás dispuesto a dejar atrás?
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El error no es solo equivocarse, es también una enseñanza, si te instalas en el la frustración esta esperando con sus garras abiertas. Si vas en busca de revancha la enseñanza aguarda con sus brazos abiertos.
ResponderBorrarAsí es. Saludos.
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