Cuando ya no puedas más, ora a Dios.


¿Te ha pasado que estás solo en tu casa, en la ducha o en algún otro lugar y, de pronto, te quebrantas? Lloras y le pides ayuda a Dios. Le dices que ya no puedes más. 

Le pides que mire tu corazón, tu alma desgarrada, tu espíritu cansado, tus ánimos y esperanzas hechos añicos.

Y luego, como si fuera magia, aquello que tanto te angustiaba comienza a solucionarse.

Pero no es magia. Es Dios, que te ha escuchado y ha actuado sobre tu problema. Lo ha derribado.

Entonces, lo menos que podemos hacer es agradecerle por su misericordia y por su gracia. 

Eso es lo que Él hace: te oye, te escucha y te da la respuesta que tanto necesitabas.

Por eso, nunca dejes de darle gracias. Él no te abandona, nunca se aparta de tu lado. No estás solo; Él está contigo, incluso cuando sientes que todo se ha derrumbado.

Así que, si tienes que llorar, hazlo. Clama a Dios con todo tu corazón. Él acudirá a tu llamado porque te ama y te lo demuestra cada día.

Nunca dejes de creerle. Nunca dejes de confiar. Tal vez la respuesta no llegue de inmediato, pero cuando menos lo esperes, Dios abrirá el camino y llegará la solución que tanto has estado esperando.


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