Muchas ideas, muchos comienzos: cuando cada nueva idea parece ser el sueño de tu vida… y no lo es
Hay personas que tienen muchas ideas.
Y eso, en principio, es algo maravilloso.
Tienen imaginación, iniciativa, ganas de hacer cosas y deseos de construir una vida diferente.
El problema comienza cuando cada idea nueva se convierte inmediatamente en "el proyecto de mi vida".
Hoy descubren algo y se emocionan.
Empiezan a imaginarlo, hacen planes, hablan de ello y sienten que finalmente encontraron su lugar.
"Esto es lo mío."
"Ahora sí."
"Esto siempre fue lo que quise hacer."
Y se entregan completamente.
Durante un tiempo, ese proyecto es su sueño.
Pero después llega la realidad.
No aparecen los resultados esperados.
No llegan los clientes.
No venden.
Nadie los reconoce.
El dinero no aparece.
Las cosas avanzan mucho más despacio de lo que imaginaron.
Y entonces comienza la frustración.
En lugar de preguntarse qué pueden mejorar, cuánto tiempo necesita realmente ese proyecto o si están dispuestos a continuar aunque los resultados tarden, aparece otra posibilidad.
Una nueva idea.
Y vuelve la emoción.
De repente, aquello que ayer era su sueño deja de serlo.
Ahora el nuevo proyecto es "lo que realmente quiero hacer".
Y otra vez comienzan.
El problema no siempre es la falta de capacidad
Muchas de estas personas son capaces.
Tienen buenas ideas.
Incluso pueden tener mejores ideas que muchas personas que sí consiguieron construir algo.
El problema es que no permanecen suficiente tiempo en un mismo lugar como para descubrir de qué son capaces.
Empiezan una cosa.
Después otra.
Después otra.
Un día quieren vender productos.
Luego quieren crear contenido.
Más adelante quieren emprender.
Quieren poner un negocio.
Después descubren otra oportunidad y vuelven a comenzar.
No necesariamente porque sean perezosos.
Muchas veces ocurre porque confunden la emoción de comenzar con la certeza de haber encontrado su camino.
Y son cosas diferentes.
El comienzo engaña
Cuando comenzamos algo nuevo, todo parece posible.
Todavía no conocemos los problemas.
No conocemos las dificultades.
No sabemos cuánto trabajo habrá que hacer.
Todavía no hemos recibido rechazos.
Todavía no hemos tenido meses malos.
La idea está limpia.
Es bonita.
Es emocionante.
Pero cuando llega el trabajo real, la situación cambia.
Y ahí aparece una tentación muy fuerte:
buscar otra idea que vuelva a producir esa emoción inicial.
La nueva idea no tiene problemas todavía.
Por eso parece mejor.
La anterior tiene dificultades porque ya la conocemos.
La nueva solamente tiene posibilidades.
Y podemos caer en un círculo peligroso:
idea → emoción → comienzo → dificultades → frustración → abandono → nueva idea → emoción.
Y volvemos al principio.
El precio de comenzar constantemente
Hay algo que muchas personas no ven.
Cada vez que abandonan un proyecto para comenzar otro, no solamente pierden tiempo.
También pierden acumulación.
Porque para construir una profesión, un negocio, una carrera o una reputación, necesitamos acumular experiencia.
Necesitamos conocer un sector.
Conocer personas.
Cometer errores.
Aprender.
Ser reconocidos.
Crear contactos.
Construir confianza.
Desarrollar habilidades.
Y eso necesita tiempo.
Si hoy estás en un sector, mañana en otro y pasado mañana en uno diferente, puedes terminar sabiendo un poco de muchas cosas, pero sin llegar a ser realmente conocido por ninguna.
Y entonces aparece una sensación muy dolorosa:
"No pertenezco a ningún lugar."
No eres completamente empresario.
No eres completamente vendedor.
No eres completamente creador.
No eres realmente parte de ningún sector.
Y eso puede generar todavía más frustración.
Entonces buscas otra cosa.
Y nuevamente comienza el ciclo.
No necesitas otra idea. Necesitas profundidad
Esta puede ser una de las decisiones más importantes:
Antes de buscar otra idea, pregúntate si realmente has profundizado en la que ya tienes.
Porque quizás el problema no sea la idea.
Quizás el problema sea que todavía no has llegado a la parte donde comienza a dar frutos.
Una semilla no demuestra que sea mala porque no se convirtió en árbol en una semana.
Y un proyecto tampoco demuestra que sea malo porque no produjo resultados rápidamente.
Eso no significa que debamos insistir eternamente en algo que claramente no funciona.
Significa que necesitamos aprender a distinguir entre un proyecto que necesita ajustes y un proyecto que definitivamente debemos abandonar.
Antes de abandonar, cambia la estrategia
Si algo no funciona, no tienes solamente dos opciones:
seguir exactamente igual o abandonar.
Existe una tercera:
cambiar la manera de hacerlo.
Si no vendes, revisa cómo estás vendiendo.
Si nadie te encuentra, revisa cómo estás llegando a las personas.
Si el producto no tiene demanda, escucha al mercado.
Si nadie responde, pregunta por qué.
Si llevas seis meses haciendo exactamente lo mismo y esperando un resultado diferente, quizás no necesitas otro sueño.
Necesitas otra estrategia.
Ponte un período de prueba
Una solución muy práctica es dejar de tomar decisiones en medio de la frustración.
Cuando un proyecto es importante para ti, establece un período concreto.
Por ejemplo:
"Voy a trabajar seriamente en esto durante seis meses."
Durante esos seis meses no vas a abandonar cada vez que aparezca una idea nueva.
Puedes anotarla.
Puedes estudiarla.
Pero no tienes que ejecutarla inmediatamente.
Al terminar el período, revisas los resultados.
¿Qué aprendiste?
¿Qué mejoró?
¿Qué no funcionó?
¿Qué posibilidades existen?
¿Qué deberías cambiar?
Entonces decides con información, no con emoción.
Las ideas nuevas pueden esperar
Esto es importantísimo:
No tienes que matar las ideas nuevas.
Solo tienes que dejar de convertirlas inmediatamente en tu nueva vida.
Ten una libreta.
Un archivo.
Una lista.
Cada vez que aparezca una idea maravillosa, escríbela.
Y vuelve a tu proyecto.
Después de unas semanas, muchas de esas ideas que parecían extraordinarias ya no te parecerán tan extraordinarias.
Y las que continúen pareciéndote buenas podrán estudiarse con calma.
Eso evita que cada emoción nueva destruya lo que estabas construyendo.
No confundas resultados lentos con fracaso
Vivimos rodeados de historias de personas que comenzaron algo y rápidamente tuvieron éxito.
Pero casi nunca vemos los años de preparación, los intentos anteriores, los contactos, los errores y las circunstancias que existieron detrás.
Por eso podemos pensar:
"Si después de unos meses no funciona, debo hacer otra cosa."
No necesariamente.
Algunas cosas necesitan tiempo.
Pero el tiempo por sí solo tampoco garantiza nada.
Hay que trabajar, medir, aprender y corregir.
Persistir no significa repetir.
Persistir significa continuar mientras mejoras.
Busca una identidad profesional
Hay otra pregunta que puede ayudarte mucho:
¿En qué quiero ser reconocido?
No:
"¿Qué puedo hacer mañana?"
Sino:
"¿Qué quiero que la gente piense cuando escuche mi nombre?"
Quizás quieras ser reconocido como escritor.
Como fotógrafo.
Como diseñador.
Como vendedor.
Como especialista.
Como emprendedor.
Como creador.
No importa cuál sea.
Lo importante es empezar a construir una identidad alrededor de algo.
Porque cuando tienes una dirección, las nuevas oportunidades pueden incorporarse a ella en lugar de hacerte cambiar de camino cada vez.
Una nueva oportunidad no siempre requiere una nueva vida
Esta puede ser la clave.
Aparece una oportunidad nueva.
No tienes que abandonarlo todo.
Puedes preguntarte:
"¿Cómo puedo aprovechar esto sin destruir lo que ya estoy construyendo?"
Tal vez esa oportunidad complemente tu trabajo.
Tal vez puedas probarla en pequeño.
Tal vez puedas dedicarle unas horas a la semana.
Tal vez descubras que no es para ti.
Y si realmente demuestra ser mejor, podrás hacer el cambio con fundamentos.
No por desesperación.
Antes de decir "esto es mi sueño", espera
Quizás deberíamos dejar de llamar "el sueño de mi vida" a cada cosa que nos emociona.
Una idea puede ser excelente.
Una oportunidad puede ser extraordinaria.
Pero todavía necesita pasar por la prueba de la realidad.
Primero hazla.
Después trabaja en ella.
Luego observa.
Aprende.
Corrige.
Persiste.
Y con el tiempo podrás descubrir si realmente pertenece a tu vida.
Porque no todo lo que nos emociona está destinado a quedarse.
Y tampoco todo lo que comienza con dificultades está destinado a fracasar.
A veces necesitamos dejar algo.
Pero otras veces necesitamos dejar de escapar.
Porque si cada vez que algo no funciona buscamos una idea nueva, podemos pasar toda la vida comenzando...
y nunca llegar a construir nada suficientemente grande como para ver hasta dónde podíamos llegar.
No necesitas tener una idea maravillosa todos los días.
Quizás necesitas tomar una buena idea y trabajar en ella el tiempo suficiente para convertirla en algo real.
Ahí es donde muchas veces comienza la diferencia entre tener sueños y construir una vida alrededor de ellos.
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