Cuando das un consejo a alguien y esa persona te dice: «Sí, eso ya lo sé»… y no es así

 


Hay una frase que seguramente todos hemos escuchado alguna vez:

“Sí, eso ya lo sé.”

Y muchas veces quien la dice realmente lo sabe. El problema aparece cuando esa persona lleva tiempo haciendo exactamente lo contrario de aquello que dice saber.

Le dices algo porque lo ves desde afuera. No porque quieras demostrar que eres más inteligente, ni porque quieras decirle cómo debe vivir. Simplemente ves una situación que quizá esa persona no está viendo y tratas de darle un consejo.

Pero la respuesta llega rápidamente:

—Sí, eso ya lo sé.

Y ahí puede terminar la conversación.

Saberlo no significa hacerlo

Este es uno de los problemas más comunes.

Podemos saber perfectamente qué deberíamos hacer y aun así no hacerlo.

Sabemos que deberíamos organizar mejor nuestro tiempo, pero seguimos dejando todo para después.

Sabemos que determinada persona no nos hace bien, pero seguimos buscándola.

Sabemos que tenemos que cambiar una actitud, pero seguimos reaccionando de la misma manera.

Sabemos que deberíamos hablar de un problema, pero preferimos evitarlo.

Entonces, cuando alguien nos dice precisamente aquello que ya sabemos, podemos sentir que nos está diciendo algo obvio.

Pero hay una pregunta que vale la pena hacerse:

Si ya lo sé, ¿por qué sigo haciendo lo mismo?

Porque conocer una respuesta y aplicarla son dos cosas completamente diferentes.

Cuando un consejo se siente como un ataque

Hay personas que reciben cualquier consejo como si fuera una crítica.

No importa cómo se lo digas. Inmediatamente levantan una barrera.

—Eso ya lo sé.

—Ya lo intenté.

—Eso no funciona conmigo.

—Tú no sabes lo que estoy viviendo.

—Todo el mundo piensa que sabe cómo solucionar mi vida.

Y quizá la persona que está dando el consejo ni siquiera está intentando atacarla.

Simplemente está intentando ayudar.

¿Por qué ocurre esto?

A veces tiene mucho que ver con lo que hemos vivido.

Una persona que durante años recibió críticas, fue comparada, menospreciada o tuvo que defenderse constantemente puede terminar viviendo en un estado de alerta permanente.

Ya no escucha solamente las palabras.

También escucha la intención que cree que hay detrás de ellas.

Si alguien dice:

“Quizá podrías hacerlo de otra manera.”

La persona puede escuchar:

“Lo estás haciendo mal.”

Si alguien dice:

“Creo que deberías pensar en esto.”

Puede escuchar:

“Tú no sabes lo que haces.”

Y entonces se defiende.

No necesariamente porque tenga razón.

A veces simplemente aprendió a defenderse antes de que la ataquen.

El ego también puede esconder inseguridad

Esto es curioso.

Muchas veces pensamos que una persona que no acepta consejos tiene un ego enorme.

Y puede ser cierto.

Pero otras veces ocurre lo contrario.

Puede haber mucha inseguridad detrás de esa actitud.

Una persona que necesita demostrar constantemente que sabe, que puede y que nadie tiene nada que enseñarle quizá no se siente tan segura como aparenta.

Por eso necesita demostrarlo.

Aceptar un consejo puede hacerle sentir que está reconociendo que otra persona sabe algo que ella no sabe.

Y eso puede resultar difícil.

Entonces aparece la respuesta automática:

“Sí, eso ya lo sé.”

Aunque en el fondo no lo esté aplicando.

No confundas escuchar con obedecer

Aceptar un consejo no significa que tengas que seguirlo.

Esto también es importante.

Si alguien te da un consejo, tienes todo el derecho de pensar que no es adecuado para ti.

Puedes escucharlo y decir:

“Lo voy a pensar.”

O simplemente:

“Gracias, pero creo que voy a hacerlo de otra manera.”

Eso es completamente diferente a reaccionar como si te hubieran atacado.

Puedes escuchar sin estar de acuerdo.

Puedes considerar una opinión sin convertirla en una obligación.

Y puedes descubrir que el consejo no te sirve.

Pero primero tienes que permitirte escucharlo.

¿Y si realmente ya lo sabes?

Aquí está la parte más incómoda.

Si alguien te da un consejo y tú piensas:

“Eso ya lo sé.”

Hazte otra pregunta:

¿Lo sabes o lo estás haciendo?

Porque quizá sabes que deberías ahorrar, pero no ahorras.

Sabes que tienes que descansar, pero nunca paras.

Sabes que deberías alejarte de una situación, pero sigues ahí.

Sabes que tienes que cambiar una manera de reaccionar, pero continúas reaccionando igual.

Entonces quizá no necesitas que alguien te enseñe algo nuevo.

Quizá necesitas empezar a aplicar lo que ya sabes.

Antes de responder, haz una pausa

La próxima vez que alguien te dé un consejo y sientas inmediatamente ganas de responder:

“Sí, eso ya lo sé.”

Prueba algo diferente.

No respondas inmediatamente.

Escucha.

Pregúntate:

¿Me está atacando realmente?

¿O está viendo algo que yo no estoy viendo?

¿Me está diciendo algo nuevo?

¿O me está recordando algo que sé pero que no estoy aplicando?

¿Estoy rechazando el consejo porque no sirve?

¿O porque me molesta aceptar que otra persona pueda tener razón?

Estas preguntas pueden cambiar completamente una conversación.

Y también hay que saber dar consejos

Pero tampoco todo es responsabilidad de quien recibe el consejo.

Hay personas que dan consejos desde la superioridad.

No dicen:

“Quizá podrías probar esto.”

Dicen:

“Lo que tienes que hacer es esto.”

No preguntan qué está viviendo la otra persona.

No escuchan.

No conocen toda la situación.

Y aun así creen tener la respuesta.

Eso también genera rechazo.

Por eso, si realmente queremos ayudar, primero tenemos que aprender a escuchar.

A veces la mejor manera de dar un consejo es preguntar:

“¿Quieres que te diga lo que yo veo desde afuera?”

Esa pequeña pregunta cambia mucho las cosas.

Porque no estamos imponiendo nuestra opinión.

Estamos ofreciendo una perspectiva.

No todo el que te aconseja quiere controlarte

También debemos aprender a diferenciar.

Hay personas que efectivamente quieren controlar nuestras decisiones.

Hay personas que critican todo.

Hay personas que disfrutan haciendo sentir mal a los demás.

Pero también hay personas que simplemente nos quieren bien.

Y si cada consejo lo interpretamos como un ataque, podemos terminar alejando incluso a quienes intentan ayudarnos.

No podemos vivir pensando que todos quieren perjudicarnos.

A veces alguien simplemente ve algo que nosotros, por estar dentro de la situación, no podemos ver.

Una buena señal de madurez

Quizá una de las mejores señales de madurez no sea tener respuestas para todo.

Es poder decir:

“No lo había pensado de esa manera.”

O incluso:

“Puede que tengas razón.”

Eso no te hace menos inteligente.

No te hace débil.

No significa que la otra persona sea superior a ti.

Significa que tienes la suficiente seguridad para reconocer que siempre podemos aprender algo de alguien más.

Y si realmente ya sabías el consejo, perfecto.

No tienes nada que demostrar.

Simplemente puedes decir:

“Sí, eso ya lo sé. De hecho, tienes razón. Es algo que sé, pero todavía me cuesta aplicarlo.”

Esa respuesta demuestra mucho más que decir automáticamente:

“Sí, eso ya lo sé.”

Porque ahí ya no estás defendiendo tu ego.

Estás siendo honesto contigo mismo.

Saber algo no siempre significa haberlo aprendido.

A veces aprendemos de verdad cuando dejamos de defendernos y empezamos a escuchar.


Si te gustó, también puedes leer: ¿Cómo decirle a alguien que está equivocado sin que se resienta o levantar polémica?   


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