El Trapito Sucio (Relato)
Había un trapito
que quería ser toalla.
Intentó ingresar al lugar donde estaban las demás toallas, pero no lo dejaron
entrar.
Lo vieron sucio, feo y áspero, y pensaron que no era adecuado para ser como los demás.
No
le importó:
Se bañó.
Se perfumó.
En silencio, se escabulló hasta el lugar más cercano al usuario.
Los demás lo
vieron, pero ya era tarde:
el usuario lo agarró y se secó con él.
Los demás lo miraban con horror, pensando que el usuario se iba a quejar.
Pero no fue así.
El usuario pensaba que el color opaco y deshilachado era un modelo único.
Lo sintió diferente, más suave que cualquier otra toalla.
Desde ese día, fue
su preferido.
La diferencia
entre este trapito y las demás toallas era su esfuerzo.
No le importaba cómo lucía, sino cómo rendía.
Sabía que podía
hacerlo bien y lo hizo.
Moraleja:
No debemos guiarnos por las apariencias, sino por el resultado final.
Tener las ganas de ser el mejor y demostrarlo vale más que aparentar algo que
no se es.
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