"La Moneda Antigua" (Relato)


Había una vez un niño feliz llamado Jimmy. Caminaba tranquilo, saltando de vez en cuando por la vereda de su pequeño pueblo. Era un lugar sencillo, pero muy bonito. Se llamaba Pueblo Alto.

Jimmy era muy amable con todos y, por eso, todos lo querían.

Un día, mientras caminaba, encontró una moneda en el suelo. Le pareció extraño porque, además, era una moneda muy antigua.

Miró a todos lados para comprobar si alguien la había perdido, pero aparentemente no había nadie que la estuviera buscando.

Cuando tomó la moneda, aparecieron unas letras sobre ella:

SÍGUEME

Jimmy abrió los ojos sorprendido.

De pronto, una pequeña flecha apareció en la moneda y comenzó a señalarle un camino.

Jimmy decidió seguirla.

Caminó y caminó, siguiendo las flechas que aparecían en la moneda, hasta llegar a una bodega abandonada.

Entonces, sobre la moneda apareció una nueva palabra:

SPEED

Jimmy sintió un poco de miedo, pero decidió entrar.

—Hola... ¿hola? —dijo.

Nadie respondió.

Buscó un interruptor y encendió la luz.

Ante sus ojos apareció una inmensa bodega llena de juegos de cabina. Todos estaban apagados y cubiertos de polvo.

Jimmy caminó lentamente entre ellos hasta que encontró uno que parecía diferente.

Entonces comprendió algo.

La moneda no era una moneda.

¡Era una ficha mágica de un antiguo juego!

Jimmy miró la máquina.

—¿Y ahora qué se supone que debo hacer? —se preguntó.

Levantó una mano, se rascó la cabeza y finalmente decidió introducir la ficha en la ranura.

Aunque el juego estaba apagado, en cuanto la ficha entró...

¡SE ENCENDIÓ!

La pantalla comenzó a emitir unos extraños rayos de luz.

Jimmy retrocedió, asustado.

Pero ya era demasiado tarde.

Los rayos salieron de la pantalla y comenzaron a absorberlo.

—¡AAAAAAHHHH! ¡AYUDA! —gritó Jimmy.

Pidió ayuda, pero nadie podía escucharlo.

Los rayos lo llevaron directamente dentro del juego.

Jimmy abrió los ojos.

Estaba en un mundo oscuro y sombrío.

No sabía dónde estaba.

Miró a su alrededor y, a lo lejos, vio unas criaturas extrañas que comenzaban a acercarse.

Gemían.

Chillaban.

Y hacían crujir sus dientes.

Eran monstruos.

Jimmy se paralizó del miedo.

Quiso gritar, pero no podía.

Cerró los ojos con todas sus fuerzas.

Entonces escuchó un grito:

—¡AAAAAAAYYYYY!

Jimmy abrió los ojos de golpe.

Estaba nuevamente en la vereda.

Seguía sosteniendo la moneda en su mano.

Varias personas lo rodeaban y lo miraban preocupadas.

—¿Estás bien? —le preguntaron.

Jimmy miró a su alrededor, confundido.

—Sí... sí, estoy bien. Lo siento.

Agradeció a las personas por preocuparse por él y se fue rápidamente.

No le contó a nadie lo que había sucedido.

Corrió hasta un barranco cercano.

No quería que aquella experiencia le ocurriera a alguien más.

Entonces tomó la moneda y la lanzó lo más lejos que pudo.

La moneda cayó al fondo del barranco.

Y allí se quedó.

Esperando.

Esperando quizás...

que algún día alguien más la encuentre..


Si te gustó, también puedes leer: Libro "La Puerta Dorada" (Extracto)


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