Tierna calma: cuando después de la tormenta el alma vuelve a respirar (Poesía) (Reflexión)
Las lágrimas salen,
recorren mis mejillas.
Ya quisiera yo
llegar a la otra orilla.
Una orilla de
alegrías,
una orilla de encantos.
Ya no quiero sentir
tantos desencantos.
El camino ha sido
duro,
pero me ha enseñado mucho.
Quiero una vida mejor
y por eso lucho.
Cuando las fuerzas
comienzan
a irse,
las ganas entran en acción.
De mucha vida se llena mi corazón.
Pasados los
problemas
llega una tierna calma.
Atrás quedó tanta guerra,
y ahora respira mi alma.
A veces, llegar a esa tierna calma no es fácil. Antes hay que atravesar días difíciles, aceptar que estamos cansados y encontrar dentro de nosotros las ganas de continuar.
Hay días en los que simplemente te cansas. No porque hayas hecho algo extraordinario, sino porque llevas demasiado tiempo intentando, esperando, resolviendo problemas y tratando de seguir adelante.
Y llega un momento en que dices: “Ya no puedo más.”
Pero muchas veces, justo ahí aparece algo que no habías visto: las ganas.
No siempre tenemos fuerzas para continuar, pero podemos encontrar una razón para dar un paso más.
Las fuerzas pueden depender de cómo te sientes. Las ganas, en cambio, pueden nacer de lo que quieres conseguir.
Por eso, cuando estés cansado, no te preguntes solamente: “¿Tengo fuerzas para seguir?”
Pregúntate también:
“¿Qué puedo hacer hoy, aunque sea poco?”
Ahí puede estar la diferencia.
No necesitas resolver tu vida en un día. No necesitas resolverlo todo hoy. Solo necesitas evitar quedarte completamente detenido..
Si estás cansado, haz una parte.
Si no tienes ganas de trabajar durante horas, trabaja treinta minutos.
Si un problema parece demasiado grande, resuelve primero lo más pequeño.
Si un proyecto se ha detenido, vuelve a comenzar por una sola tarea.
Y si necesitas descansar, descansa. Descansar no significa rendirse.
A veces confundimos estar cansados con haber fracasado. No es lo mismo.
Puedes estar agotado y todavía querer conseguirlo.
Puedes estar decepcionado y todavía tener un sueño.
Puedes sentir que no avanzas y, sin embargo, estar mucho más cerca de lo que crees.
Cuando las fuerzas comienzan a irse, no siempre necesitas exigirte más. A veces necesitas recordar por qué empezaste.
Esa razón puede convertirse en el pequeño impulso que necesitas.
No esperes sentirte fuerte todos los días. Eso no ocurre.
Habrá días para avanzar rápido y otros para avanzar despacio. Lo importante es aprender a reconocer qué necesitas en cada momento.
Cuando tengas fuerzas, aprovéchalas.
Cuando no las tengas, reduce el paso.
Pero si todavía tienes ganas, no abandones solamente porque hoy estás cansado.
A veces no son las fuerzas las que nos llevan hasta el final.
A veces son las ganas de no dejar inconcluso aquello que todavía nos importa.
Y cuando esas ganas aparecen, aunque sean pequeñas, pueden ser suficientes para dar el siguiente paso.
Tal vez hoy todavía estés atravesando la tormenta. Tal vez todavía haya lágrimas, cansancio y cosas por resolver. Pero no olvides que también existe otra orilla. Y mientras tengas ganas de llegar, sigue avanzando, aunque sea despacio. Algún día, después de tanta guerra, podrás mirar atrás y decir: ahora respira mi alma.
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