A veces hay que retroceder para tomar impulso
Hay una frase muy conocida que dice: “Para atrás, ni para coger impulso”.
La usamos para decir que debemos seguir adelante y no rendirnos. Y estoy de acuerdo. Muchas veces tenemos que mantenernos firmes, continuar y no permitir que un problema nos haga abandonar nuestros objetivos.
Pero hay algo que también debemos entender: a veces sí es necesario retroceder un poco para tomar impulso.
Y eso no significa que estés fracasando.
Retroceder no siempre es perder
Imagina a una persona que quiere saltar una distancia. Si se coloca justo delante del lugar donde quiere llegar y salta desde allí, probablemente no llegará muy lejos.
¿Qué hace?
Da unos pasos hacia atrás.
No porque haya cambiado de objetivo.
No porque se haya rendido.
Lo hace para tomar impulso.
En la vida ocurre exactamente lo mismo.
A veces necesitamos detenernos, alejarnos un poco de una situación, pensar, descansar o incluso comenzar nuevamente para poder continuar con más fuerza.
No confundas pausa con abandono
Hay momentos en los que seguir avanzando a toda velocidad no es la mejor decisión.
Si estás cansado, frustrado o confundido, continuar sin pensar puede hacer que cometas más errores.
Tal vez necesites parar.
Tal vez tengas que cambiar de estrategia.
Tal vez debas comenzar desde un punto anterior.
Eso no significa que hayas perdido.
Significa que estás buscando una mejor manera de llegar.
La clave está en no convertir ese retroceso en una residencia permanente.
Puedes detenerte, pero vuelve a levantarte.
Puedes descansar, pero vuelve a intentarlo.
Puedes cambiar el camino, pero no necesariamente tienes que abandonar el destino.
¿Cómo saber si estás tomando impulso?
Pregúntate tres cosas:
1. ¿Estoy retrocediendo para prepararme o porque quiero abandonar?
Si necesitas tiempo para pensar, aprender, ahorrar, prepararte o recuperar fuerzas, probablemente estás tomando impulso.
2. ¿Qué puedo aprender de lo que salió mal?
Un error puede convertirse en experiencia si lo utilizas para hacerlo mejor la próxima vez.
3. ¿Cuál es mi siguiente paso?
No necesitas tener resuelto todo el camino. A veces basta con saber qué vas a hacer mañana.
También puedes cambiar de dirección
Tomar impulso no siempre significa regresar al mismo lugar para volver a intentarlo.
A veces descubres que aquello que querías ya no es lo que necesitas.
Y está bien.
Puedes cambiar de proyecto, de estrategia, de trabajo, de manera de hacer las cosas o incluso de objetivo.
Lo importante es que la decisión sea consciente y no simplemente una reacción al cansancio o al miedo.
No te castigues por necesitar tiempo
Vivimos con la idea de que siempre tenemos que estar avanzando.
Trabajar más.
Hacer más.
Conseguir más.
Pero nadie puede correr permanentemente.
El cuerpo necesita descansar y la mente también.
Por eso, si necesitas detenerte un momento, no te sientas culpable.
Descansar también forma parte del camino.
Pensar también es avanzar.
Aprender también es avanzar.
Corregir también es avanzar.
Y recuperar fuerzas también es avanzar.
La próxima vez que tengas que retroceder...
No pienses inmediatamente que estás perdiendo.
Pregúntate:
“¿Estoy retrocediendo porque me rendí o porque necesito tomar impulso?”
Si es lo segundo, hazlo.
Da unos pasos atrás.
Respira.
Piensa.
Corrige lo que tengas que corregir.
Recupera tus fuerzas.
Y cuando estés listo, vuelve a avanzar.
Porque algunas veces, para llegar más lejos, primero necesitamos tomar un poco de distancia.
Y eso no es retroceder en la vida.
Es prepararse para dar un salto más grande.
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