Cuando dejas de aparentar, empiezas a vivir (Sé tú mismo)


Vivimos en una época en la que muchas personas sienten que tienen que demostrar algo todo el tiempo.

Demostrar que son exitosas, inteligentes, fuertes, interesantes, divertidas, importantes o que tienen una vida perfecta.

Queremos caer bien. Queremos ser aceptados. Queremos encajar.

Y, poco a poco, podemos terminar convirtiéndonos en alguien que no somos.

El problema es que mantener una máscara durante mucho tiempo cansa.

No tienes que gustarle a todo el mundo

Una de las primeras cosas que debemos entender es que no podemos agradarle a todos.

Habrá personas que nos quieran tal como somos y otras que no.

Y eso está bien.

Cuando intentamos modificar constantemente nuestra forma de ser para conseguir la aprobación de los demás, dejamos de vivir de acuerdo con lo que realmente pensamos y sentimos.

Comenzamos a preguntarnos:

¿Qué debería decir?

¿Cómo debería comportarme?

¿Qué esperan de mí?

¿Qué tengo que hacer para que me acepten?

Y vivir así puede convertirse en una verdadera prisión.

Las máscaras también crean problemas

Cuando no somos naturales, la comunicación empieza a complicarse.

Decimos que estamos bien cuando no lo estamos.

Aceptamos cosas que realmente no queremos.

Callamos lo que pensamos por miedo a molestar.

Hacemos promesas que no podemos cumplir.

Mostramos una personalidad diferente dependiendo de quién esté delante.

Y tarde o temprano aparecen los problemas.

Esto ocurre en todas partes.

En la pareja, cuando uno de los dos intenta ser lo que cree que el otro quiere.

En el trabajo, cuando una persona siente que debe aparentar saberlo todo y no puede reconocer que necesita ayuda.

En las amistades, cuando aceptamos planes, opiniones o comportamientos que realmente no nos gustan solamente para no quedar fuera.

Incluso con la familia podemos terminar interpretando un papel.

Y después nos preguntamos por qué los demás no nos comprenden.

A veces la respuesta es sencilla: porque tampoco les estamos mostrando quiénes somos realmente.

Ser tú mismo no significa hacer lo que quieras

Ser auténtico tampoco significa decir todo lo que pensamos sin importar cómo afectamos a los demás.

No significa ser maleducado, egoísta o ignorar las necesidades de quienes nos rodean.

Significa algo mucho más sencillo:

Ser honestos con nosotros mismos.

Podemos decir “no” sin ser desagradables.

Podemos expresar una opinión diferente sin atacar.

Podemos reconocer que no sabemos algo.

Podemos admitir un error.

Podemos decir que algo nos molesta.

Podemos cambiar de opinión.

Y podemos reconocer nuestras virtudes y nuestros defectos sin necesidad de aparentar perfección.

¿Cómo empezar a quitarse la máscara?

No hace falta cambiar nuestra vida de un día para otro.

Podemos comenzar con pequeñas cosas.

1. Di lo que realmente piensas.
Siempre con respeto, pero sin inventar una opinión para agradar.

2. Aprende a decir “no”.
No tienes que aceptar todo para demostrar que eres una buena persona.

3. Deja de explicar demasiado tus decisiones.
Si una decisión es correcta para ti y no perjudica a nadie, no necesitas convencer a todo el mundo.

4. Reconoce cuando no sabes algo.
Decir “no lo sé” no te hace menos inteligente. Muchas veces demuestra seguridad.

5. Observa dónde estás actuando.
Pregúntate: “¿Estoy haciendo esto porque realmente quiero o porque quiero que me acepten?”

6. Rodéate de personas con las que puedas ser tú.
Una buena relación no debería obligarte permanentemente a interpretar un personaje.

La tranquilidad de no tener que aparentar

Cuando dejamos de preocuparnos tanto por impresionar, ocurre algo interesante: comenzamos a relacionarnos de una manera más sencilla.

Ya no tenemos que recordar qué versión de nosotros mostramos a cada persona.

Podemos hablar con más libertad.

Podemos equivocarnos.

Podemos reconocer nuestras limitaciones.

Podemos mostrar nuestras emociones.

Y, sobre todo, podemos respirar tranquilos.

No necesitas construir una versión perfecta de ti para merecer respeto, cariño o amistad.

Las personas que realmente valen la pena no necesitan una máscara.

Quizás no siempre estén de acuerdo contigo. Quizás incluso algunas cosas de ti no les gusten. Pero podrán conocerte de verdad.

Y eso vale mucho más que ser aceptado por alguien que solamente conoce al personaje que construiste para agradarle.

Al final, vivir intentando impresionar a los demás puede hacer que todos conozcan una versión de ti, menos tú.

Por eso, quítate poco a poco la máscara.

Sé tú.

Con tus aciertos, tus errores, tus fortalezas y tus debilidades.

Porque no vinimos a esta vida a encajar perfectamente en todas partes.

Vinimos a vivirla siendo quienes somos.



Si te gustó, también puedes ver: Solo tú sabes quién eres y a dónde quieres llegar



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