El camino en el que estás, también te puede cambiar
Piensa en una lavadora de carros.
Entras con el carro sucio, lleno de polvo, barro y manchas. Después pasan el agua, el jabón, los cepillos y todo lo necesario para limpiarlo. Cuando sales, ya no estás igual que cuando entraste.
Aunque no quieras, el proceso te cambió.
Con la vida pasa algo parecido.
Cuando elegimos un camino, también elegimos o, a veces no, a las personas, las experiencias y las circunstancias que vamos a encontrar en él. Y todo eso, poco a poco, nos cambia.
Una persona buena puede volverse mala después de vivir demasiadas decepciones.
Alguien que confiaba en todos puede terminar desconfiando de todo el mundo.
Pero también puede suceder lo contrario.
Una persona que tomó malas decisiones puede conocer a alguien que la ayude, vivir una experiencia que la haga pensar y decidir cambiar.
Alguien que hizo daño puede aprender a no hacerlo.
Alguien que estaba perdido puede encontrar un motivo para seguir adelante.
Por eso, no solamente importa el lugar al que quieres llegar. También importa el camino que estás tomando para llegar allí.
¿Qué puedes hacer?
Primero, observa en qué te estás convirtiendo.
Pregúntate de vez en cuando:
¿Estoy más tranquilo o más amargado?
¿Estoy aprendiendo o solamente acumulando resentimiento?
¿Las personas que tengo cerca sacan lo mejor de mí o lo peor?
No tienes que esperar a llegar al final para darte cuenta de que escogiste un mal camino.
Segundo, aprende de lo que te pasa, pero no permitas que una mala experiencia te convierta en una mala persona.
Que alguien te haya traicionado no significa que todos sean traidores.
Que una relación haya terminado mal no significa que nunca volverás a encontrar amor.
Que hayas fracasado no significa que siempre vas a fracasar.
Una experiencia puede enseñarte sin convertirse en tu forma de vivir.
Tercero, si notas que vas por un camino que no te gusta, cambia de dirección.
No importa cuánto hayas avanzado.
Puedes alejarte de una persona.
Puedes cambiar una costumbre.
Puedes pedir ayuda.
Puedes empezar de nuevo.
Puedes reconocer que te equivocaste.
Y sí, también puedes retroceder.
Retroceder no siempre significa perder. A veces significa darse cuenta de que por ahí no era.
La vida nos va a cambiar queramos o no. Habrá personas que nos enseñen, circunstancias que nos golpeen y momentos que nos hagan pensar de otra manera.
La diferencia está en qué hacemos con todo eso.
Porque puedes entrar a la vida siendo una buena persona y terminar convertido en alguien que ya no quieres ser.
Pero también puedes haber cometido muchos errores y terminar siendo una persona completamente diferente.
Todo depende del camino, pero también de las decisiones que tomas mientras lo recorres.
Así que, antes de seguir avanzando, mira dónde estás.
Mira quiénes caminan contigo.
Mira qué estás aprendiendo.
Y, sobre todo, pregúntate algo muy sencillo:
¿Me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo?
Si la respuesta es sí, sigue.
Si la respuesta es no, todavía estás a tiempo de cambiar de camino.
Porque no podemos evitar que la vida nos transforme.
Pero sí podemos decidir en qué queremos convertirnos.
Puedes hacer una donación. No importa el monto, cada aporte cuenta.👇
DONAR
Comentarios
Publicar un comentario