Juntarse con leones: También se aprende a rugir (Rodearse de los mejores)

 


Hay una realidad que muchas veces no queremos reconocer: las personas que nos rodean influyen en la persona que terminamos siendo.

No significa que tengamos que abandonar a nuestros amigos de siempre ni mirar a nadie por encima del hombro. Significa algo mucho más sencillo: si queremos crecer, necesitamos relacionarnos también con personas que sepan más que nosotros, que tengan experiencias diferentes y que puedan enseñarnos algo.

Hay una frase que lo resume muy bien:

“Júntate con leones y aprenderás a rugir.”

Y no habla de convertirse en alguien agresivo o superior. Habla de aprender.

Si siempre estamos rodeados de personas que piensan exactamente como nosotros, hacen lo mismo que nosotros y tienen los mismos límites que nosotros, probablemente nos sintamos cómodos. Pero también podemos quedarnos estancados sin darnos cuenta.

En cambio, estar cerca de alguien que sabe más puede hacernos preguntas que nunca nos habíamos hecho.

Una persona que escribe mejor puede enseñarnos a mejorar nuestra manera de escribir.

Alguien que sabe administrar su dinero puede enseñarnos a organizarlo.

Una persona con más experiencia en nuestro trabajo puede mostrarnos errores que nosotros todavía no sabemos reconocer.

Y alguien que simplemente ha vivido determinadas situaciones puede enseñarnos cosas que ningún libro explica.

Pero hay algo importante

Aprender de alguien no significa querer ser esa persona.

Podemos admirar una cualidad sin copiar toda su vida.

Podemos escuchar un consejo y decidir si nos sirve.

Podemos reconocer que alguien es mejor que nosotros en determinada área sin sentirnos menos.

De hecho, reconocer que no lo sabemos todo es una de las mejores formas de seguir aprendiendo.

¿Cómo hacerlo en la práctica?

Empieza por algo sencillo.

Busca personas que admires por algo concreto. No tienen que ser famosas. Puede ser un compañero de trabajo, un amigo, un profesor, un emprendedor o incluso alguien mucho más joven que tú.

Haz preguntas. En lugar de intentar demostrar cuánto sabes, pregunta cómo lo hizo, qué aprendió y qué errores cometió.

Observa. Muchas veces aprendemos más mirando cómo una persona trabaja, decide o enfrenta un problema que escuchando un discurso.

Acepta las correcciones. No siempre serán agradables, pero una crítica bien intencionada puede ahorrarnos años de equivocaciones.

Y, sobre todo, comparte también lo que tú sabes. Aprender no consiste solamente en recibir. Cuando enseñamos algo a otra persona, también comprendemos mejor aquello que hemos aprendido.

No necesitamos rodearnos únicamente de personas “exitosas”. Necesitamos rodearnos de personas de las que podamos aprender.

Porque crecer no siempre significa avanzar solo.

A veces significa tener la humildad de acercarnos a alguien que ya recorrió un camino que nosotros apenas estamos comenzando.

Júntate con leones. Escucha. Observa. Aprende. Y algún día, sin darte cuenta, descubrirás que tú también aprendiste a rugir.


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