Por qué a veces no recibimos apoyo de los nuestros y sí, de desconocidos
Hay una realidad que duele aceptar, pero que muchas personas viven en silencio. No siempre recibimos apoyo de nuestra familia, de nuestros amigos cercanos o de la gente que ha estado con nosotros desde siempre. En cambio, a veces quien más cree en nosotros es alguien que no nos conoce, alguien que solo ve lo que hacemos hoy y no lo que fuimos ayer.
De ahí nace ese dicho tan repetido de que nadie es profeta en su tierra. Y aunque suene duro, tiene una base psicológica y social bastante clara.
Las personas que nos conocen desde hace años nos han visto en muchas etapas. Nos han visto dudar, equivocarnos, fracasar, cambiar de opinión, abandonar cosas. Sin mala intención, muchas veces nos siguen viendo con la misma imagen del pasado. Les cuesta actualizar la versión que tienen de nosotros.
Cuando alguien externo nos observa, no carga con nuestra historia. Solo ve lo que estamos intentando ahora, la pasión que mostramos, el mensaje que transmitimos, el proyecto que estamos construyendo. Para esa persona no somos el niño que se equivocaba, ni el joven que no sabía qué hacer con su vida. Somos lo que estamos mostrando en el presente.
Además, en el entorno cercano también aparece otro factor incómodo. El miedo inconsciente a que cambiemos. Cuando alguien empieza a crecer, a buscar algo diferente, a salir del molde, eso puede incomodar. No porque no nos quieran, sino porque nuestro cambio les recuerda sus propias renuncias, sus propios sueños postergados, sus propias frustraciones.
Apoyarte significaría aceptar que tú sí te atreviste a intentar algo que ellos no intentaron. Y no todos están listos para mirar eso de frente.
También existe el exceso de confianza. Como te conocen, creen que pueden opinar sin filtros, minimizar tus metas o decirte que no es para tanto. Lo que para ti es un sueño, para ellos puede parecer una ocurrencia más. No siempre dimensionan lo importante que es para ti.
Por eso, muchas veces el apoyo más sincero viene de desconocidos. Personas que se identifican con tu mensaje, con tu historia, con lo que estás construyendo, porque no te ven desde el pasado, te ven desde la intención y el esfuerzo.
Entonces la pregunta no es solo por qué pasa esto, sino cómo reaccionar ante ello.
Lo primero es entender que la falta de apoyo no siempre es falta de amor. A veces es miedo, costumbre, desconocimiento o simple incapacidad de ver más allá de la imagen que tienen de ti. Comprender esto no quita el dolor, pero sí evita que cargues resentimiento innecesario.
Lo segundo es no usar la falta de apoyo como excusa para detenerte. Es fácil decir que nadie cree en ti y por eso no avanzas. Pero la verdad es que tu proceso no puede depender de la aprobación de otros. Si esperas sentirte respaldado para actuar, probablemente nunca te moverás.
Lo tercero es valorar el apoyo que sí aparece, aunque venga de donde menos lo esperas. A veces un mensaje, un comentario, una palabra de alguien que no conoces puede tener más impacto que mil opiniones de quienes siempre han estado cerca. Ese apoyo también cuenta. También es real. También merece ser reconocido.
Y lo más importante es no convertir esto en una guerra emocional. No se trata de demostrarle nada a nadie, ni de actuar desde el orgullo. Se trata de seguir tu camino con respeto, con firmeza y con la conciencia de que tu vida es tu responsabilidad.
Tal vez algún día esas mismas personas que hoy dudan, mañana se sentirán orgullosas. O tal vez no. Y aunque eso duela, no puede ser el centro de tus decisiones.
No todos están destinados a acompañarte en cada etapa de tu crecimiento. Algunas personas solo te conocen en ciertas versiones de tu vida, no en todas.
Que el apoyo venga de desconocidos no significa que estés solo. Significa que tu mensaje está llegando a quien necesita escucharlo. Significa que lo que haces tiene impacto más allá de tu círculo cercano.
Y si hoy te duele no sentirte respaldado por los tuyos, recuerda esto. No estás equivocado por querer más, por intentar algo distinto, por buscar una vida que te haga sentir pleno. No necesitas permiso para crecer.
Sigue adelante, incluso cuando el aplauso venga desde lejos y el silencio desde cerca. Porque, al final, la persona que más tiene que creer en ti, eres tú.
Si conectó contigo este artículo, también puedes ver:
Nadie te aplaude cuando empiezas, pero todos preguntan¿Cómo lo lograste al final?
Comentarios
Publicar un comentario