No necesitas hablar con todos, pero sí con alguien
Hay momentos en los que no quieres hablar con nadie.
No porque no necesites hacerlo… sino porque sientes que nadie entendería realmente lo que te pasa.
Entonces te lo guardas.
Te acostumbras a resolver todo en silencio. A procesar lo que sientes sin decirlo. A seguir como si nada, aunque por dentro no estés bien.
Y con el tiempo, eso se vuelve normal.
Dejas de buscar.
Dejas de intentar explicar.
Dejas de abrirte.
Pero eso no significa que no lo necesites.
Significa que te cansaste de no encontrar a la persona correcta.
Porque hay algo que es verdad, aunque a veces no lo quieras aceptar:
No necesitas hablar con todos…
pero sí necesitas hablar con alguien.
Alguien que no te juzgue.
Que no minimice lo que sientes.
Que no te interrumpa con soluciones rápidas.
Alguien que simplemente esté.
Y no, no siempre es fácil encontrar a esa persona.
Por eso muchos terminan acostumbrándose al silencio.
Pero el problema no es guardar cosas…
es cuando lo guardas todo.
Porque lo que no se expresa, se acumula.
Y lo que se acumula, pesa.
Y ese peso, tarde o temprano, se siente.
En el ánimo.
En la forma de pensar.
En cómo ves todo.
Por eso no se trata de abrirte con cualquiera.
Se trata de no cerrarte por completo.
De darte la oportunidad, aunque sea poco a poco, de no cargar todo solo.
Porque sí, puedes con muchas cosas…
pero eso no significa que tengas que hacerlo siempre.
Y si alguna vez sentiste que nadie nota lo que te pasa, que nadie ve lo que llevas por dentro, quizás esto también te haga sentido: nadie nota si estás triste, ni celebra tus logros, pero todos parecen ver tus errores.
A veces entender eso no te cierra…
pero te ayuda a ver por qué te has sentido así tanto tiempo.
Y si necesitas un espacio donde simplemente estar, sin tener que explicar demasiado, puedes unirte aquí.
Si te gustó este artículo, también puedes ver:
Comentarios
Publicar un comentario