Si esa ilusión llegó a ti, no fue por casualidad
Hay sueños que aparecen en silencio.
No hacen ruido, no buscan aprobación, pero se quedan contigo.
Vuelven una y otra vez, incluso cuando intentas ignorarlos.
Esa ilusión que tienes… no llegó por error.
A veces dudamos de lo que sentimos.
Pensamos que es demasiado grande, que no es para nosotros, que quizás estamos soñando más de la cuenta.
Pero hay algo dentro que no se apaga.
Y eso tiene un propósito.
Si Dios permitió que ese deseo naciera en ti, no fue para que lo mires desde lejos.
No fue para frustrarte.
No fue para jugar con tus emociones.
Fue porque hay algo que aún no ves, pero que ya está en camino.
Los sueños no siempre llegan listos.
No aparecen de un día para otro.
Se construyen, se forman, pasan por pruebas.
Hay momentos donde parece que todo se detiene.
Donde dudas, donde te cansas, donde piensas en rendirte.
Pero incluso ahí… ese sueño sigue contigo.
Porque no depende solo de lo que ves.
Depende de lo que estás llamado a vivir.
No todo será fácil.
Habrá caídas, rechazos, momentos de incertidumbre.
Pero eso no significa que no va a pasar.
Significa que estás en el proceso.
A veces queremos respuestas rápidas, señales claras, caminos sin obstáculos.
Pero la realidad es que muchas veces el camino se revela mientras avanzas.
Y lo único que necesitas hacer… es no soltarlo.
No ignores esa ilusión.
No la minimices.
No la cambies por algo más “seguro” solo por miedo.
Porque lo seguro no siempre es lo correcto.
Y lo correcto no siempre es lo fácil.
Confía en lo que sientes.
Confía en el proceso.
Y sobre todo, confía en que si ese sueño llegó a ti… es porque también hay una forma de hacerlo realidad.
Sigue.
Aunque no lo veas completo.
Aunque no tengas todas las respuestas.
Porque a veces, lo único que necesitas para que algo pase…
es no rendirte antes de tiempo.
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