No estás cansado, estás harto de fingir que estás bien
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
No estás cansado…
estás agotado de sostener una versión de ti que no es real.
Porque no es el cuerpo lo que pesa.
Es todo lo que llevas dentro… sin decirlo.
Es responder “todo bien” cuando no lo está.
Es sonreír cuando lo único que quieres es silencio.
Es seguir funcionando… cuando por dentro te estás quedando sin energía.
Y lo peor es que ya ni lo cuestionas.
Se volvió automático.
Aprendiste que no siempre hay espacio para lo que sientes.
Que no todos saben escuchar.
Que abrirte no siempre termina bien.
Y entonces elegiste callar.
No porque no tengas nada que decir…
sino porque te cansaste de no ser entendido.
Pero ese silencio no desaparece.
Se acumula.
Se convierte en peso.
En irritación.
En cansancio sin explicación.
Te levantas sin ganas.
Te cuesta concentrarte.
Te molestan cosas pequeñas.
Y piensas que es agotamiento.
Pero no.
Es desgaste emocional.
Es todo lo que llevas sosteniendo en silencio durante demasiado tiempo.
Y eso no se arregla durmiendo más.
Ni distrayéndote.
Ni haciendo como si nada pasara.
Se empieza a sanar cuando dejas de fingir… al menos contigo.
Cuando te dices la verdad.
“No estoy bien.”
“No puedo con todo.”
“Esto me está afectando.”
Y dejas de exigirte ser fuerte todo el tiempo.
Porque no tienes que demostrar estabilidad constante.
No tienes que aparentar que puedes con todo para encajar.
Eso no es fortaleza.
Eso es desgaste disfrazado.
Ser fuerte también es parar.
También es reconocer lo que duele.
También es dejar de sostener algo que te está rompiendo por dentro.
No viniste a esta vida a actuar un personaje.
Viniste a ser tú.
Y ser tú… no siempre es verte bien.
A veces es aceptar que estás mal.
Y eso no te hace débil.
Te hace real.
Si sientes que llevas mucho tiempo guardándote todo…
si sientes que nadie nota lo que te pasa por dentro…
hay algo que necesitas entender.
No todo el mundo va a verlo.
No todo el mundo va a entenderlo.
Y eso, aunque duela… también libera.
Porque cuando dejas de esperar que otros validen lo que sientes…
empiezas a darte ese espacio tú.
Empiezas a escucharte.
A respetarte.
A dejar de ignorarte.
Y ahí es donde algo cambia.
Porque dejar de fingir…
no hace que todo se arregle de golpe.
Pero sí hace que dejes de cargar solo.
Y ese… ya es un comienzo.
Si este artículo conectó contigo, necesitas ver este también:
Por qué a veces no recibimos apoyo de los nuestros?
Comentarios
Publicar un comentario